Saprissa y el caso Vega-Golobio

Escrito por Juan Luis Alvarado (Juanox). Hay un serio problema con las negociaciones del Deportivo Saprissa, ya sean fichajes o renovaciones. Una y otra vez vemos cómo cada negociación del club se convierte en un circo mediático con múltiples versiones y que casi siempre terminan con un dirigente dando una entrevista o conferencia de prensa para intentar esclarecer situaciones que no deberían salir de la mesa de negociación.

Cuando un club se ve en la obligación de emitir comunicados o convocar conferencias de prensa para aclarar malentendidos sobre negociaciones que están llevando a cabo, como ha sido el caso del club tibaseño, es porque hay un serio problema con el manejo de dichas cuestiones. Que nos lo cuente el fax de Florentino Pérez.

La dirigencia saprissista llegó al punto en el que emitió un comunicado totalmente ridículo que intentaba exponer a Bolaños ante el saprissismo con el fin de presionarlo para que firmase un contrato al gusto del club. Azofeifa, Madrigal, Saucedo, Umaña, Michel, Del Campo, Diana, el trinitario, González, Jeaustin, Giaconne, Calvo, Golobio y Vega; son algunos nombres propios de negociaciones que se han convertido en circos mediáticos y que son evidencia de que al club le falla algo en este aspecto.

Y cada vez que se presenta una situación de estas, la dinámica es la misma: el jugador da su versión a los medios, y luego sale la dirigencia del Saprissa, haciéndose las víctimas, alegando que los jugadores se están aprovechando del club y que su falta de compromiso y amor por la camiseta perjudican el desempeño del equipo en la cancha. Como si no supiéramos que para la dirigencia lo importante es el tema económico y utilizan ese discurso pasivo agresivo para utilizar al saprissismo y meter presión a las a los jugadores. Los barrabravas y aficionados promedio que disfrutan el fútbol pero que poco entienden de él, catalogarán a los jugadores como mercenarios,  malagradecidos a los que solo les importa el dinero. Los aficionados que además de apoyar el club se preocupan por el rumbo que toma el mismo, empezarán a notar el patrón de las cosas y comenzarán a plantearse las preguntas sobre qué es lo que sucede.

Y por otro lado, los jugadores, jóvenes inexpertos con sueños de Champions, Premiers, Ligas y Bundesligas, depositan su total confianza en representantes cuyos sueños tienen que ver poco con balones de fútbol, pero sí con dígitos, euros y libras. Y el representante hará todo en su poder para ver su sueño hecho realidad, aunque para ello tenga que enviar al joven futbolista a Azerbaiyán, Rusia, China o la India.

La dirigencia quiere obtener un beneficio económico en caso de la salida de sus jugadores, lo que se habría asegurado de haber renovado a sus jugadores desde hace mucho más de 6 meses, que es el tiempo que tienen de estar negociando, en palabras de Wanchope. Fue el club el que, al tardarse en renovar a los jugadores y dejarlo todo al último momento, abrió la posibilidad para que una situación de estas sucediera.

Y ahora, como todo les ha salido mal y la negociación no ha tomado el rumbo que los dirigentes esperaban, deciden tomar revancha y apartar al jugador de las canchas, aunque le sigan pagando. Podrá no ser ilegal, pero esto es anti fair-play, y en el fútbol esto cuenta, y mucho.

Como bien dicen muchos, incluido el mismo Wanchope, el Saprissa seguirá, encontrará nuevos jugadores y disputará más campeonatos durante muchas décadas. Y es cierto… pero también es cierto que el jugador llegará a los 35, se retirará, deberá velar por su familia y asegurar su futuro, mientras el Saprissa que seguirá disputando campeonatos, también seguirá generando millones, subiendo el precio de las entradas, vendiendo jugadores, y asegurándose sus ingresos. Es injusto comparar a un jugador con un club, porque el club siempre será una potencia económica y social ante cualquier jugador, llámese Vega, Golobio, Messi o Cristiano. El jugador lleva las de perder en tales comparaciones.

Poner al jugador como un despiadado  mercenario que quiere exterminar al club con sus pretensiones económicas codiciosas por el simple hecho de querer surgir en una carrera que puede ser muy corta, es injusto. Como es injusto también el aficionado que a veces pretende que el jugador renuncie a sus anhelos solo por el “amor a la camiseta”, el aficionado que no entiende que para el futbolista, el fútbol no solo es una pasión, sino que también es su trabajo, y como tal, requiere que sea profesional. “Pero gana mucho” dice el aficionado, como si eso estuviera mal, como si, en caso de que una empresa llegara y le ofreciera 5 veces su salario, él le diría que no, porque su salario ya es muy bueno.

Pero no se trata más que de otro episodio de negligencia por parte de una dirigencia que saca pecho por los logros deportivos pero que no asume sus graves errores en cuando a la gerencia deportiva, que “invierte” en los jugadores para generar ganancias económicas, pero que en cuanto un jugador también quiere un beneficio económico, lo califica de codicioso.

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Foto: Luis Navarro / Al Día.

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