Shirley Cruz a FIFA: «El sueño sigue intacto»

FIFA.com / Hasta los nueve años tuvo que llevar el pelo cortito. Su hermano mayor tenía que cuidarla y ella no quería quedarse a un lado mientras él jugaba con sus amigos. Pero la pelota era cosa de hombres. Así que le metió la tijera al cabello.

Hoy luce su frondosa melena bicolor en la élite del fútbol. Con orgullo. Shirley Cruz es la capitana de la selección de Costa Rica que brilla en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015™. Es la única profesional del equipo. La única que puede vivir de dar patadas a un balón. Por eso, las personas a las que más admira son sus propias compañeras, por todos los sacrificios que les supone haber llegado hasta aquí.

Un sacrificio que ha tenido su recompensa. Son segundas del Grupo E por detrás de Brasil y están a un paso de alcanzar los octavos de final. Ése fue siempre su objetivo.

“El sueño está intacto”, repite una y otra vez, como si ella misma no se lo creyese aún. “Ya hemos demostrado que no vinimos aquí a participar sino a competir. Nos queda nuestra última final y hay que ir a matarse los 90 minutos. Ese partido hay que jugarlo con alma vida y corazón”, dice Cruz a FIFA.com.

Así han jugado sus dos anteriores compromisos ante España (1-1) y República de Corea (2-2). Remando contra corriente con marcadores adversos.“La clave de este equipo es que nunca dejamos de correr. Peleamos hasta el último minuto la última pelota”. Así encaran el duelo con Brasil este miércoles en Moncton.

Mientras llega la hora, pulen esos desajustes que la hacen sufrir en el campo. “Nos ha matado un poco que el equipo es muy joven y se estresa mucho”, analiza la mediocampista. “Es normal. No nos podemos comparar a otros equipos porque la preparación que hemos hecho ha sido más corta y tenemos menos experiencia internacional. Pero con los pocos medios estamos haciendo mucho”, añade.

Cruz da la cara
Ha peleado mucho para estar aquí. Pero es el sueño de su vida y no se lo podía perder. Tras una operación en la rodilla derecha a finales de febrero, Shirley se volcó en una recuperación que le permitió llegar en plena forma a final de temporada. Brilló en la liga francesa, aunque terminaron segundas, y se quedó a las puertas de una nueva corona europea.

“Ha sido un año de muchas emociones. Complicado. Noto el cansancio. Contra España fueron mis primeros 90 minutos con el equipo. Trato de dar al máximo. Pero estoy tranquila con mi aportación. Estuve cuando me necesitaron y espero estar a la altura contra Brasil”, dice.

Pero no le pesan los galones de líder porque no se siente especial. “Esto es una familia, como familia nos clasificamos al mundial y el equipo no depende de mí, sino del colectivo. Si logramos esos empates no fue por mí, sino porque todas corrimos y todas aportamos”, añade.

Ella es líder en el campo. Amelia Valverde, en el banco. Curiosamente, la seleccionadora es un año menor que Cruz. Pero no supone un problema. “Somos amigas, pero muy profesionales en esto. Yo la escucho y la respeto. Pero ella es muy cercana con todas. Nos conoce bien, lleva mucho tiempo con este proyecto como asistente y sabe sacar lo mejor de nosotras”, explica la jugadora de 29 años.

“Queremos hacer historia con ella. Creo que se ha ganado ya todo el respeto internacional, y espero que le den continuidad en el puesto porque esta experiencia que dan los grandes torneos es lo que nos hará progresar”, reivindica. “Este equipo es muy joven, así que tiene mucho futuro si se hacen los planes a largo plazo adecuados”.

Porque, aunque ella ya vislumbra su retirada cercana por su maltrecha rodilla, Shirley quiere más. Quiere que sus compañeras salgan de Canadá con ofertas a nivel profesional. Quiere que la liga nacional se haga más fuerte y competitiva. Quiere que las selecciones femeninas tengas más fogueos y una preparación más profesional. Quiere inversión y medios.

“Creo que nosotras estamos dando el mensaje de que en este país centroamericano hay muchas mujeres que saben jugar muy bien al fútbol. Espero que este mundial abra muchas puertas”, pide.

Para que no haya más niñas que tengan que sacrificar su pelo para jugar al fútbol en Costa Rica.

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