¿Quién dijo que una mayor actividad y un mayor consumo traerían bienestar y felicidad?

El movimiento se asoció con el progreso: ciencia y tecnología, producción, consumo. Los viajes y el turismo estaban en auge. Las distancias y los tiempos se acortaron en la velocidad de las comunicaciones que globalizaron información, tendencias, ideología. El éxito se midió en la capacidad de convocar multitudes que, junto con otros, compartieron un recital, un evento deportivo, un patio de comidas. Con la misma velocidad, un virus fuera de control en un punto del mundo se convirtió en pandemia. Y también con celeridad se transmitieron el pánico y la solución propuesta: él aislamiento. Del movimiento a la detención, la sociedad adquirió otro perfil. Estamos transitando la sociedad detenida.

Nuestra cultura se organizó en torno a un ideal de consumo y una oferta de disfrute que se proponía cubrir todas las necesidades. La angustia existencial no estaba de moda. “No te quedes con las ganas de nada” Dijo un aviso que resumía la ideología de la época y se generó la ilusión de que todos los deseos serían posibles. Pero detrás de la brillantez de las promesas crecía el rumor cada vez mayor de la marginación y el abandono del planeta. Con la respuesta actual al peligro de contagio, asistimos a la aparición de restricciones opuestas a la saturación de los residuos.o. A la conquista del tiempo y del espacio le ha seguido la restricción del espacio que por tanto modifica la percepción del tiempo, el vacío se opone a la plenitud, el alejamiento de la cercanía, la inmovilidad al movimiento. Como siempre, la historia nos enfrenta a la dialéctica de las oposiciones. Y el rumor de los vulnerables siguió creciendo.

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Desde el psicoanálisis Lacan había advertido contra el impulso de nuestro tiempo hacia el progreso, el movimiento, la búsqueda de la verdad, saber cada vez más, como si eso implicara una feliz y beneficiosa solución; Esto puede ser de vez en cuando, dijo, pero en otros casos puede ser desastroso. Y añadió que la verdad se muestra en una alternancia de cosas estrictamente opuestas que deben hacerse girar unas alrededor de otras. Siguiendo tu propuesta, podríamos preguntarnos: ¿Quién dijo que una mayor actividad y un mayor consumo traerían bienestar y felicidad? La sociedad privilegiaba el objeto y no el sujeto, la búsqueda de la felicidad estaba fuera.

El psicoanálisis aborda los conceptos de exceso y carencia en las relaciones intersubjetivas en torno a un objeto perdido que intenta recuperar para solucionar la carencia que aflige al individuo. Pero esto es una ilusión, la recuperación de todo el plus es imposible. Plusvalía más disfrute. Al disfrutar y producir algo hay que perder o transformar. De lo contrario, querer recuperar lo perdido conduce a un resultado siniestro, así como la ausencia de tensión, la falta, conduce a la muerte. El más y la falta son fenómenos universales que interactúan entre sí. Tiene el exceso, la voracidad en la acumulación de valores monetarios de un sector a costa de la desprotección y el empobrecimiento de una mayoría, una política que pretendía privilegiar la rentabilidad sin descanso, la manipulación irrestricta de la naturaleza, han generado un desequilibrio con consecuencias nefastas? Desde otro ángulo, el interés puesto en el consumo distorsionó el deseo de transformarlo en mandato hacia un goce ideal, sin límites, otro exceso que hacía que el individuo se sintiera insuficiente o excluido. Cuando no tiene fobia o depresión, como límite interno al empujón externo.

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Se sabe que en un momento de un determinado signo ocurre otro de signo contrario. ¿Es un fenómeno casual? A veces parece transmitir un efecto de magia o un mensaje religioso. Sin embargo, podemos pensar que surge lo contrario porque cada época, cada estructura, contiene el germen de su propia oposición, incluso de su propia destrucción. En este caso, entre otras condiciones, el parate es la evidencia de un exceso, el derivado inevitable de políticas salvajes que aún ahora no se detienen y aceptan tomar la única medida de protección eficaz hasta ahora, el aislamiento. Y que ya no lo toleren y busquen impulsar nuevamente el movimiento, para retomar la producción ralentizada, incluso a costa de vidas que consideran intercambiables.

Movimiento y detención. El arresto que se asoció con el fracaso en este punto es la protección. Los líderes responsables del planeta optaron por contener, frenar, frenar, construir mejores condiciones de atención y cura. El aislamiento vuelve a centrar la atención en el sujeto, en el interior. Hay quienes se aprovechan de ello, pero en muchos casos el sujeto queda atónito. El miedo genera la situación propensa al autoritarismo y la culpa. Se acusa a la víctima de haber querido demasiado. Se ha apelado a la representación que este freno brusco es como un castigo bíblico a la ambición consumista, o se agradece la oportunidad de haber pacificado malestares que ahora parecen secundarios a la amenaza a la vida. Se silenciaron las demandas sociales por las que atravesaban varios países en pos de una realidad más equitativa

La nueva normalidad debe poder incluir la pérdida, gestionar la falta para que la ganancia de un sector no implique la destrucción de otro. El movimiento que generan los avances tecnológicos y científicos es altamente gratificante y beneficioso, las convocatorias que reúnen a personas apasionadas por el deporte, la música o los intercambios intelectuales renuevan vitalidad, trabajan, adquieren objetos necesarios o deseados, viajan, aíslan o apiñan a voluntad, celebrando, poder herir a los muertos, nos constituye como seres humanos.

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los nuevo normal No es la creencia banal de que a partir de ahora nos lavemos las manos con más frecuencia o que usemos una máscara o que evitemos besar a extraños; Tampoco es el elogio de la vida tranquila.

La nueva normalidad debería ser una distribución más equitativa del excedente para que la falta no acabe convirtiéndose en un abismo que nos trague a todos. Con o sin virus.

Licenciada en Psicología con Orientación Clínica por la UBA. Miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Federación Psicoanalítica de América Latina. Autor del libro “El sujeto oculto en la realidad virtual”.

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