Señalan a las supernovas como la posible causa de una de las mayores extinciones de vida en la Tierra.

Los científicos relacionan la desastrosa pérdida de ozono al final del período Devónico con una explosión o una serie de explosiones aproximadamente a 65 años luz de nuestro planeta.

Los riesgos de las supernovas para la vida en la Tierra no son puramente hipotéticos. Un estudio ha podido establecer en al menos una ocasión en el pasado lejano una relación entre estos explosiones estelares y una de las mayores extinciones de especies en la biosfera de nuestro planeta.

Él Artículo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences este 18 de agosto, aborda el caso de la extinción definitiva del Devónico tardío, el llamado Evento de Hangenberg, hace 359 millones de años.

Investigaciones anteriores encontraron signos de un agotamiento significativo de la capa de ozono durante ese evento, pero no estaba claro si esto fue causado por un mayor vulcanismo, una actividad solar inusual u otros factores atmosféricos o espaciales. Los autores del nuevo estudio se propusieron busca el respuesta en las capas profundas de la corteza terrestre, que se remontan a la época exacta en que murió gran parte de la fauna y la flora del Devónico.

En este estrato hay cientos de miles de generaciones de esporas de plantas que aparecen tostadas bajo los efectos de la luz ultravioleta, que es un indicador del agotamiento del ozono, y los científicos propusieron medir la presencia de dos isótopos inusuales muy raros en la corteza terrestre, samario-146 y plutonio-244, para poder determinar el origen de lo sucedido.

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Aunque ambos elementos son radiactivos, estos isótopos tienen una vida media muy larga. Los investigadores sitúan su origen en supernovas (una o varias seguidas), porque estas explosiones son fuentes conocidas de metales pesados ​​como los mencionados, que se extienden por toda la galaxia.

Posibles explosiones en cadena

A partir de las observaciones astronómicas disponibles, los estudiosos estiman que en este caso particular podría haber ocurrido una explosión cerca, pero más allá de la “distancia de muerte” de las supernovas: aproximadamente 20 parsecs (o 65,2 años luz), según sus cálculos. Este tipo de accidente espacial puede acelerar los rayos cósmicos y infligir daño con su radiación ionizante durante casi 100.000 años.

Mientras tanto, la evidencia fósil analizada por los científicos indica que la biodiversidad se redujo drásticamente durante un período más largo de aproximadamente 300.000 años. Este hecho les hace pensar que la explosión de una estrella enorme desató varias explosiones más dentro del mismo cúmulo estelar, algo que es totalmente posible, según señalan.

Coautora del estudio Adrienne Ertel cita como ejemplo el caso de la estrella Betelgeuse, que actualmente se percibe como una de las amenazas de explosión de supernova más cercanas. Sin embargo, este gigante rojo está a 600 años luz de distancia, lejos de la letal distancia de 25 años luz y casi 10 veces más lejos que la estrella o cúmulo que causó el evento de Hangenberg.

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